Un Caballero
De ti aprendí a caminar con la mirada puesta al infinito
entendí que enseña más el ejemplo y el sabio tiempo,
que las institutrices rencorosas, desterradas del olimpo,
donde todas las mañanas te veía desvanecer, era nuestro
rito.
Con tu actuar comprendí, que la palabra dicha he de cumplir,
que es mejor hablar con el simbolismo, que desentraña el
alma
y no con palabras necias, que a la vida han de mentir,
aprendí a las leyes no transgredir, y embriagarme de la
calma.
Desde pequeño todo lo quise saber, aún tengo misterios que
resolver,
pero me enseñaste que no siempre se obtiene una respuesta,
carcomido por las dudas hay que avanzar, hasta ese nuevo
amanecer.
Que lo destruido se puede reparar, se necesita magia al
obrar,
me enseñaste que lo más querido no se deshecha en el olvido.
y que unas manos viejas y agrietas son artífices del amar.
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